¿A cuál reino quieres pertenecer? - Parte 1

He comenzado un estudio cuya intención es mostrar, a la luz de las Escrituras, que el Reino de Dios no es de este mundo y que el enemigo es quien gobierna este sistema. Como cristianos debemos tener claro a qué reino pertenecemos y, valga la redundancia, saber quién es nuestro Rey, imitarle y hacer todo conforme a Su voluntad.
Mateo 4:17 (RV 1960)
Desde entonces comenzó Jesús a predicar, y a decir: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado.
Juan el Bautista había sido encarcelado por orden del rey Herodes, despejándole el camino al Señor para comenzar su ministerio y proclamar por sí mismo que el reino de los Cielos se había acercado. Si analizamos bien la vida del Señor Jesucristo en la tierra, aunque era el Rey de reyes (y lo es y lo será por siempre), no vivió como tal.
Filipenses 2:5-8 (RV 1960)
Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.
El Señor Jesús vino a este mundo como el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo para dar su vida en sacrificio por todos nosotros. El pasaje anterior nos muestra que para venir a este mundo en condición de humano, dejó Su corona, Su trono, Sus riquezas y todo lo que tenía en el Reino de los Cielos. En otras palabras, se hizo como cualquiera de nosotros, pero sin pecado (Hebreos 4:15).
Marcos 10:45 (RV 1960)
Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.
A diferencia de todos los reyes de la tierra, Jesús vino para servir y no para ser servido. ¡Cualquier rey se escandaliza con esto! Miremos bien cómo describe el Señor a los reyes de las naciones:
Mateo 20:25, Marcos 10:42, Lucas 22:25 (RV 1960)
Pero Él les dijo: Los reyes de las naciones se enseñorean de ellas, y los que sobre ellas tienen autoridad son llamados bienhechores…
En otras palabras, Jesús había dicho a sus discípulos que no debían actuar como reyes, es decir, ponerse coronas, sentarse en tronos o ser semejantes a los reyes gentiles. Ninguno debe hacerse grande sobre los demás. ¿Hemos sido llamados a enseñorearnos de los demás? La Biblia nos indica claramente que NO.
Mientras el Señor dejaba una gran lección de humildad y dependencia absoluta de Dios en cada momento de su vida y dando testimonio de ello a quienes lo seguían y veían de lejos, Él seguía siendo el Rey de reyes y Señor de señores. La Biblia nos enseña que después de que Él fue crucificado, muerto y puesto en el sepulcro, resucitó en este mundo al tercer día, pero no ascendió al Padre hasta que se cumplieran los 40 días en los cuales enseñaba a sus discípulos sobre el Reino de los Cielos (Hechos 1:3). Y después de ese tiempo, y hasta nuestros días, el Señor Jesucristo está sentado a la diestra del Padre, con poder y gloria (1 Pedro 3:22) y prometió que volvería a este mundo por aquellos que le esperan. La cuestión es que no regresará como siervo, sino como Rey.
Su reino no es de este mundo
En este momento, Jesús está en el Reino de los Cielos, y por ello fue que mencionó estas palabras a la pregunta de Poncio Pilato cuando le preguntó si era el Rey de los judíos:
Juan 18:36 (RV 1960)
Respondió Jesús: Mi reino no es de este mundo; si mi reino fuera de este mundo, mis servidores pelearían para que yo no fuera entregado a los judíos; pero mi reino no es de aquí.
Hay que dejar claro que cuando el Señor menciona la palabra “mundo”, no se está refiriendo en sí al planeta tierra ni a sus habitantes, sino al sistema que está gobernando a este planeta.
Jesús vino a rescatar a los perdidos para que hagan parte de Su reino eterno, y sus discípulos, aunque quisieran, no podían ir en contra de la voluntad de Dios. Recordemos que Pedro tomó su espada y le cortó la oreja a Malco, el siervo del sumo sacerdote (Juan 18:10-11), pero el Señor lo sanó nuevamente, dándole a entender a Pedro que nadie debía entrometerse en los asuntos del Reino.
La Palabra también nos dice que el Reino de Dios es eterno, mientras los reinos de este mundo perecen.
Salmo 45:6 (RV 1960)
Tu trono, oh Dios, es eterno y para siempre; cetro de justicia es el cetro de tu reino.
Y entonces, si no es Jesús, ¿quién reina en este mundo?
El Señor Jesucristo dejó claro a sus discípulos sobre quién es el que está reinando en este mundo:
Juan 14:30 (RV 1960)
No hablaré ya mucho con vosotros; porque viene el príncipe de este mundo, y él nada tiene en mí.
Sé que muchos que leyeron este pasaje se sorprendieron y se preguntaron: “¿Cómo es posible que Cristo no sea el príncipe de este mundo? ¿No es pues que cuando naciera le pondrían el distintivo de rey y sería llamado Príncipe de paz según Isaías 9:5?
Les contestaré con otra pregunta: ¿Creen que si Jesús fuera realmente el rey de este mundo, habría tanto pecado y tanta degradación de la sociedad como se ve en la actualidad?
No es coincidencia que el mismo Satanás, al tentar a Jesús, le haya dicho lo siguiente:
Mateo 4:8-9 (RV 1960)
Otra vez le llevó el diablo a un monte muy alto, y le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos, y le dijo: Todo esto te daré, si postrado me adorares.
Lucas 4:5-7 (RV 1960)
Y le llevó el diablo a un alto monte, y le mostró en un momento todos los reinos de la tierra. Y le dijo el diablo: A ti te daré toda esta potestad, y la gloria de ellos; porque a mí me ha sido entregada, y a quien quiero la doy. Si tú postrado me adorares, todos serán tuyos.
Dios es tres veces Santo y aborrece el pecado, por tanto Él no está donde hay pecado, y por ello, no podemos justificarnos por nosotros mismos delante del Padre, sino por la mediación del Señor Jesucristo y su sangre preciosa con la cual ha comprado a aquellos que somos de Él.
Y aunque este sistema esté gobernado por el enemigo, la Biblia dice en Daniel 2:21 que Dios es quien quita reyes y pone reyes, pero sólo uno de ellos fue conforme a su corazón: David, en figura del Señor Jesucristo. Y no quiere decir que sea porque David no tuvo pecado, pues ya conocemos que fueron muchas sus fallas, sino que David fue el único rey de Israel a quien el Señor llamó de esa forma. Y lo hizo por boca del profeta Samuel cuando desechó definitivamente al rey Saúl:
1 Samuel 13:14 (RV 1960)
Mas ahora tu reino no será duradero. Jehová se ha buscado un varón conforme a su corazón, al cual Jehová ha designado para que sea príncipe sobre su pueblo, por cuanto tú no has guardado lo que Jehová te mandó.
¿El Señor regresará a establecer su reino?
Apocalipsis 17:14 (RV 1960)
Pelearán contra el Cordero, y el Cordero los vencerá, porque Él es Señor de señores y Rey de reyes; y los que están con Él son llamados y elegidos y fieles.
¡Claro! La Biblia nos muestra en el libro de Apocalipsis que después del regreso del Señor, cuando todo ojo le haya visto, se establecerá su reino milenial en la tierra. Pero para que eso suceda, el príncipe de este mundo debe ser atado por ese mismo lapso de tiempo.
Apocalipsis 20:1-3 (RV 1960)
Vi a un ángel que descendía del cielo, con la llave del abismo, y una gran cadena en la mano. Y prendió al dragón, la serpiente antigua, que es el diablo y Satanás, y lo ató por mil años. y lo arrojó al abismo, y lo encerró, y puso su sello sobre él, para que no engañase más a las naciones, hasta que fuesen cumplidos mil años; y después de esto debe ser desatado por un poco de tiempo.
Y hasta el día en que he escrito esta predicación, el Señor no ha regresado, no estamos reinando con el Señor ni el diablo ha sido atado (y cuando el Señor regrese por su Amada, este fragmento de texto ya no tendrá validez). Por tanto, el reino de Dios no será establecido en la tierra hasta que finalmente no haya vencido a todos sus enemigos. La Biblia dice que Él estará sentado a la diestra de Dios hasta que todos sus enemigos hayan sido puestos debajo de Sus pies (Salmo 110:1, Marcos 12:36, Lucas 20:42, Hechos 2:34-35, Hebreos 1:13). ¡Falta muy poco para que este gran acontecimiento suceda!
Entonces, ¿en cuál reino quieres vivir?
Existen varias razones por las cuales hago esta pregunta:
- Existen dos reinos: El reino de los Cielos y el reino de las tinieblas. El primero, al mando de nuestro Señor Jesucristo. El segundo, comandado por Satanás, el príncipe de este mundo (Juan 14:30). Y ambos reinos están en constante batalla, y así seguirán hasta el fin de los tiempos.
- El reino de Dios no es de este mundo: Esto lo dejó claro el Señor Jesucristo mientras estuvo en la tierra (Juan 18:36). Además, recordemos que quien se haga amigo del mundo, automáticamente se convierte en enemigo de Dios (Santiago 4:4).
- El reino de Dios es eterno y no debemos conformarnos con lo que es temporal. Por eso, el mismo Señor nos hace este llamado: “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.” (Mateo 6:33) ¿Por qué? Lo eterno permanece y lo temporal, algún día, tendrá que perecer.
- Debemos tener claro quién es nuestro Rey, y si Jesús es nuestro Rey y permanecemos en Él, debemos vivir como Él vivió y “andar como Él anduvo.” (1 Juan 2:6)
- Jesús aún no ha establecido su reino en la tierra: La única manera de que eso suceda es cuando regrese con los ejércitos celestiales y derrote a Satanás y sus aliados (Apocalipsis 17:14).
- No podemos gobernar en el reino equivocado: Debemos entender que, como hijos de Dios, estamos en un reino enemigo. No es malo ser prosperados y tener cargos de privilegio en la tierra, pero si seguimos verdaderamente al Señor y mientras Satanás sea el príncipe de este mundo, no se puede pretender gobernar con él.
La buena noticia para nosotros es que al haber creído y aceptado que Cristo es nuestro Señor y Salvador, hemos sido adoptados como hijos de Dios (Juan 1:12, Romanos 8:5, Gálatas 4:5, Efesios 1:5) y, así suene loco para los moradores de la tierra y para nosotros mismos, no somos de este mundo.
Juan 17:12-18 (RV 1960)
Cuando estaba con ellos en el mundo, yo los guardaba en tu nombre; a los que me diste, yo los guardé, y ninguno de ellos se perdió, sino el hijo de perdición, para que la Escritura se cumpliese. Pero ahora voy a ti; y hablo esto en el mundo, para que tengan mi gozo cumplido en sí mismos. Yo les he dado tu palabra; y el mundo los aborreció, porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal. No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad. Como tú me enviaste al mundo, así yo los he enviado al mundo.
El apóstol Pablo lo confirma con estas palabras:
Filipenses 3:20 (RV 1960)
Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo.
Mientras estamos en este mundo, somos guardados por la mano preciosa de nuestro Señor. Por ello, debemos aferrarnos a Él constantemente. Y si el mundo nos aborrece, gocémonos, porque eso nos confirma precisamente que no somos de este sistema.
Pero hay quienes dicen que debemos establecer el reino de Dios en la tierra…
Lastimosamente hay muchos que, diciendo ser cristianos, están pisoteando el Evangelio con sus aspiraciones al mejor estilo de Pinky y Cerebro para "tratar de conquistar al mundo". Estas personas afirman que el Señor Jesucristo no puede venir a la tierra hasta que los cristianos hayan conquistado todas las naciones y poderes en este mundo, lo cual contradice su Palabra. Tal doctrina o teoría se conoce como “dominionismo” o la “teología del reino ahora”, y sobre esto hablaré más detalladamente en otro estudio.
El Señor nos envió a predicar el Evangelio a toda criatura (Marcos 16:15) y no para hacer las veces de Pinky y Cerebro.
Si Dios lo permite, continuaré con este tema en otra entrada.
¡Bendiciones!
Post A Comment
No hay comentarios. :