grids

[Pensamiento Gráfico]

technology

business

Usando bien los binoculares en el desierto


Cuando estamos en determinado lugar y queremos ver de cerca lo que nuestros ojos ven de lejos, usamos un instrumento que tenga la capacidad de realizar una ampliación de aquello que queremos ver. Si queremos ver un punto lejano específico a nuestro alrededor, por lo general usamos unos binoculares, pero si la idea es ir más allá, por ejemplo, al espacio exterior, ya no nos servirían de nada y tendremos que buscar un instrumento de mayor alcance, como un telescopio.

Imaginémonos que estamos en un lugar apartado y vacío, donde no haya nada a la vista de nuestros ojos. Podemos hablar de un cuarto vacío en la casa, o un auditorio totalmente vacío y sin iluminación, pero en nuestro planeta tierra existe un lugar que, aunque no es encerrado, cumple con estas características. Y ese lugar es el desierto.

En el diccionario de la RAE se define de la siguiente manera:

desierto, ta.
(Del lat. desertus).
1. adj. Despoblado, solo, inhabitado.
2. adj. Dicho de una subasta, de un concurso o de un certamen: Que no ha tenido adjudicatario o ganador.
3. m. Lugar despoblado.
4. m. Territorio arenoso o pedregoso, que por la falta casi total de lluvias carece de vegetación o la tiene muy escasa.

En nuestro caso, descartaremos la segunda definición, ya que no aplica al tema. Si combinamos las definiciones restantes, un desierto es un sitio despoblado, solo, inhabitado, arenoso o pedregoso, que por la falta casi total de lluvias carece de vegetación o la tiene muy escasa. Claro, si vemos un desierto, solamente veremos arena y arena y más arena, y no hay agua ni provisiones. Cualquier persona que pasara por un desierto puede que aguante un día, o quizás dos, pero entre más tiempo pase, llegará el momento en que no lo soportará.

El pueblo de Israel en el desierto


Si nos vamos a la Biblia, el pueblo de Israel debió pasar muchas veces por el desierto. El propósito original de Dios era llevarlo de Egipto a Canaán durante un período de once días.

Deuteronomio 1:1-2
Estas son las palabras que Moisés habló a todo Israel al otro lado del Jordán, en el desierto, en el Arabá, frente a Suf, entre Parán, Tofel, Labán, Hazerot y Dizahab. Hay once días de camino desde Horeb, por el camino del monte Seir, hasta Cades-Barnea.

Geográficamente, el monte Horeb, que es el mismo monte Sinaí, se encuentra ubicado en Egipto. Y tiene sentido, porque los israelitas llegaron a ese lugar después de haber pasado el mar Rojo. Y Cades-Barnea estaba cerca al desierto de Zin, en la entrada a las tierras de Canaán. La distancia y tiempo entre ambos lugares eran relativamente cortos, si se tiene en cuenta que ellos tenían que hacer su viaje a pie.

Pero por la falta de fe, la rebeldía y el pecado del pueblo, el tiempo se amplió a cuarenta años.

Números 32:10-13 (PDT)
Ese día el Señor se enojó mucho y juró: “Ninguno de los que vinieron de Egipto y que tenga de veinte años de edad para arriba, verá la tierra que le prometí a Abraham, Isaac y Jacob porque no me han seguido fielmente; excepto Caleb hijo de Jefone y Josué hijo de Nun. Ellos sí han seguido al Señor fielmente”. El Señor se enojó con Israel y los hizo vagar por el desierto durante cuarenta años, hasta que murió toda la generación que hizo enojar al Señor.

Josué y Caleb eran dos de los doce espías que exploraron la tierra de Canaán y, al contrario de los otros diez, ellos creían en las palabras que el Señor había dicho:

Deuteronomio 1:8
Mirad, yo os he entregado la tierra; entrad y poseed la tierra que Jehová juró a vuestros padres Abraham, Isaac y Jacob, que les daría a ellos y a su descendencia después de ellos.

Toda la generación incrédula quedó postrada en el desierto y murió, pero Josué, Caleb y los suyos entraron a la tierra prometida de la mano del Señor, quien les dio la victoria en las batallas que enfrentaron.

El cristiano en el desierto


Tal y como sucedió con el pueblo de Israel, también pasa en la vida del cristiano, ya que hace parte del Israel espiritual,. Así como el Israel terrenal pasó por desiertos y pruebas, el cristiano también deberá entrar en ese proceso, pero ya no lo es en un desierto terrenal, sino en su vida espiritual. ¿Por qué? Porque desde el momento en que aceptamos a Jesucristo como nuestro suficiente Señor y Salvador, tenemos el mismo recorrido del pueblo de Israel:

  • Dios liberó a su pueblo de la esclavitud de Faraón en Egipto. Faraón es figura del diablo, el príncipe de este mundo (Juan 14:30), y Egipto es figura del sistema mundano sin Dios. Por tanto, el Señor nos libera del yugo del enemigo y de la esclavitud y opresión de dicho sistema. No estamos hablando de las actividades y del trabajo que tenemos en el mundo, sino del pecado y de todo aquello que no agrada a Dios.

  • Dios hizo que su pueblo pasara por el mar Rojo, dejando sumergido al ejército de Faraón en las aguas. Esto es figura del bautismo en agua, donde nuestro viejo hombre muere para darle paso al nuevo hombre, y el ejército de Faraón son los pecados del mundo que nos persiguen y que han sido echados en el fondo del mar (Miqueas 7:19).

  • Dios llevó a su pueblo al desierto, conforme lo había establecido antes de haber enviado a Moisés a hablarle a Faraón. El desierto es figura de las pruebas que, como cristianos, haciendo parte del Israel espiritual, debemos pasar antes de llegar a la tierra prometida, que es el Reino de los Cielos. Y las bendiciones deberían llegar en un corto período de tiempo, pero si somos rebeldes y no confiamos en el Señor, nos pasará como al pueblo literal de Israel, que tuvo que vagar en el desierto durante mucho más tiempo del presupuestado.

Y, como Dios tiene cuidado de todo, en Su Palabra nos dice:

1 Corintios 10:13 (BLPH)
Hasta ahora, ninguna prueba les ha sobrevenido que no pueda considerarse humanamente soportable. Dios es fiel y no permitirá que ustedes sean puestos a prueba más allá de sus propias fuerzas; al contrario, junto con la prueba les proporcionará también la manera de superarla con éxito.

¿Y por qué hablamos de binoculares?


El pasado sábado le correspondió predicar en la iglesia a uno de nuestros hermanos en Cristo, a quien el Señor usó para predicarnos precisamente sobre el desierto, tema que a muchos no nos gusta, pero sabemos que es necesario aprender y entender.

El hermano afirmaba que un cristiano en el desierto es similar a una persona con unos binoculares. Si esta persona los utiliza y enfoca de la manera correcta, verá el oasis más de cerca y así tendrá la fuerza y motivación necesaria para caminar y llegar a la meta. Pero, si los enfoca de manera incorrecta, verá el oasis mucho más lejos y, como consecuencia, su ánimo decae hasta tal punto de tirar la toalla y regresar por donde vino.

Esto quiere decir que si recibimos el desierto, lo enfocamos y lo vivimos de la manera correcta, veremos la gloria de Dios y las bendiciones que Él tiene preparadas para nosotros. En caso contrario, si lo tomamos o recibimos de la manera incorrecta, hacemos lo incorrecto y veremos lejos la bendición cada vez más lejos. Eso pasó con Israel, el camino duraba once días y, por no creer al Señor y por su mal enfoque de la situación, tardó cuarenta años.

Conclusión


Como seres humanos nos gusta obtener las bendiciones sin mucho esfuerzo, pero Dios quiere que vayamos de gloria en gloria y de victoria en victoria para poder obtener bendiciones cada vez mayores y no quedarnos estancados en el desierto.

Enfoquemos bien nuestros binoculares para que la gloria de Dios se manifieste en nuestras vidas. Confiemos en Él, que Él hará las cosas en su tiempo perfecto.

Romanos 8:18
Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse.




Post A Comment
  • Blogger Comment using Blogger
  • Facebook Comment using Facebook
  • Disqus Comment using Disqus

No hay comentarios. :


three columns

cars

health