¿Misericordia o alcahuetería?

Durante los últimos días, cuando voy a almorzar a casa o regreso del trabajo, me ha tocado vivir el "drama" de tener que ser acosado por una turba de muchachos jóvenes pidiendo dinero. Si la frase terminara aquí, ustedes lanzarían sus críticas contra mi, diciendo algo como: "¡Ve, pero este si es! Dice ser cristiano y no ayuda a los pobres muchachos..." ¡No se alarmen! No he terminado.
Si, estaban pidiendo dinero, pero no precisamente para un pedazo de pan. El motivo: Recoger la "cuota" para los famosos muñecos de "Año Viejo" que acostumbran armar cada 31 de diciembre y llenarlo de pólvora y otras cosas más para quemarlos cuando todos se hayan dado el abrazo del feliz año nuevo (y puede que aparte del muñeco, haya motivos adicionales que no mencionaré aquí). Y lo hacen recurriendo a técnicas invasivas, como bloquear el paso con un lazo grueso a lo ancho de la vía o rodeando entre ellos mismos a los vehículos que transitan por el lugar. Y el problema no es luchar por salir victorioso de este bloqueo, pues unos metros más adelante había otra comitiva haciendo exactamente lo mismo, como si estuviéramos en un retén o en un peaje. Y vuelve el bloqueo, y vuelve la petición de monedas.
Varias cosas pensé en aquél momento. En primer lugar, las famosas tradiciones de cada año, que en vez de edificar terminan por degradar a aquellos que las practican, y más, si se trata de aquellas cosas que alejan al ser humano de Dios y lo llevan al desenfreno, como cuando el pueblo de Israel hizo su propio becerro de oro y le hicieron fiesta. Allí recordé también los siguientes versículos:
Marcos 7:8
Porque dejando el mandamiento de Dios, os aferráis a la tradición de los hombres...
Jeremías 10:3
Porque las costumbres de los pueblos son vanidad...
En segundo lugar, muchos se aprovechan de la situación para hacer cosas que no deben o que sólo favorecen sus intereses personales. Esto me llevó a recordar el pasaje de Marcos 10:38, donde los apóstoles Jacobo (Santiago) y Juan, los "hijos del trueno", pidieron al Señor que sentara uno a su izquierda y otro a su derecha, y el Señor les respondió: "No saben lo que están pidiendo". Yo me pregunto: ¿Sabrán estos muchachos lo que verdaderamente están pidiendo? ¿O estarán pidiendo mal? De hecho, el apóstol Santiago (que no es el mismo hermano de Juan, sino del Señor) dice lo siguiente:
Santiago 4:3
Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites.
Ahora, esta situación también me llevó a recordar ciertos momentos de mi vida en donde le pedía a mis padres muchas cosas y las quería inmediatamente, pero ellos no me las dieron. Unas veces fue porque no tenían cómo dármelas y, en otras muchas, porque realmente no me convenía. En otras palabras, no me alcahuetearon. Ahí era donde comenzaba con mis pataletas de niño, cuyo propósito era poder convencerles o presionarles para que me dieran lo que quería.
Pero tarde o temprano tenía que soportar esos intentos desde el otro lado del charco y, en efecto, así ha sucedido en muchas ocasiones, no con hijos (porque no tengo), sino con personas cercanas, y en la mayoría de las ocasiones me faltó criterio y autoridad para decir "NO" cuando tenía que decir que no, lo que me llevó a cometer múltiples errores, y más por la mala concepción que yo tenía de la palabra misericordia. La RAE define así:
misericordia.
(Del lat. misericordĭa).
1. f. Virtud que inclina el ánimo a compadecerse de los trabajos y miserias ajenos.
En otras palabras, la palabra "misericordia" significa "amor por la miseria". De hecho, todos somos miserables delante de Dios, pero su misericordia alcanza tanto para buenos como para los más malos. Y el Señor Jesucristo nos ha dejado el siguiente mandamiento:
Marcos 12:30-31
30 Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el principal mandamiento.
31 Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento mayor que éstos.
La Biblia dice que Dios es amor (1 Juan 4:8), y su mayor muestra de amor fue habernos dado a Su Hijo Amado (Juan 3:16) para que recibiéramos la salvación a través de Él. Pero el ser humano olvida que Dios corrige a quien ama, especialmente a quien toma por hijo (Hebreos 12:6), y eso se refleja en lo natural, cuando los padres corrigen a sus hijos.
Lamentablemente. muchos han malinterpretado el mandamiento de amar al prójimo, principalmente, porque no aman a Dios antes que a su prójimo. Para nadie es un secreto que hay muchos en este mundo que padecen necesidad, pero son orgullosos y arrogantes. La creencia de muchos que se hacen llamar "prójimo" para ser amados implica, entre muchas cosas, las siguientes:
- La persona no hace nada para que nos hagamos cargo de todas sus necesidades (obviamente esto excluye a los que no pueden valerse por sí mismos).
- La persona no tiene autoridad sobre nosotros, pero tenemos que seguir sus órdenes cuando y donde quiera.
- La persona hace cosas indebidas, pero tenemos que tolerar su mal comportamiento y verlo como algo normal.
Un dicho muy de moda de la barra más popular de cierto equipo de fútbol es: "No somos moda, somos un sentimiento". Pero, al leer el pasaje anterior, una cosa es clara: El amor no es un simple sentimiento que nace en el corazón. El apóstol Pablo nos muestra la verdadera faceta de lo que es el amor.
1 Corintios 13:1-7
1 Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe.
2 Y si tuviese profecía, y entendiese todos los misterios y toda ciencia, y si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase los montes, y no tengo amor, nada soy.
3 Y si repartiese todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo amor, de nada me sirve.
4 El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece;
5 no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor;
6 no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad.
7 Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.
El Señor Jesucristo nos dice que amemos a los otros sin esperar nada a cambio, pero ese amor no debe convertirse en alcahuetería. Él quiere lo mejor para nosotros y por eso es que muchas veces nuestras oraciones no son contestadas y lo que le pedimos no llega a nuestras manos. Y nosotros debemos actuar de igual manera con nuestros semejantes.
Entonces, ¿por qué empezamos hablando de los que piden la "cuota" para el muñeco de año viejo? Porque muchas veces no les damos ni una sola moneda, por el simple hecho de no estar de acuerdo con lo que hacen, y nos hacen quedar como personas malas y egoístas al no darles lo que piden para su propio deleite. Creo que hay cosas más importantes que un muñeco de año viejo para poder invertir el dinero que se les da. Y este principio aplica para todo en la vida, pues ese muñeco de año viejo es una representación de las cosas que no se necesitan.
Por último, una frase que encontré en Twitter y que refleja esta realidad: "Crisis existencial es ir por la calle y encontrarse con muñecos de año viejo mejor vestidos que uno."
Bendiciones.
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